
Recuerdo cuando marcaron el límite de velocidad en la Ronda de Dalt, de 120 (si no recuerdo mal) a 80. En televisión se emitió un reportaje de esos que intentan mostrar el lado real de las cosas, y llegaron a la conclusión que era imposible respetar las normas. Los reporteros intentaron ir por el carril de la izquierda a 80, viendo que eran obligados a cambiar de carril para dejar paso a todos esos que se pasaban los 80 km/h por el forro de los pantalones, haciendo luces, poniendo el intermitente, pitando, etc... para que se quitaran del medio. Pero las cosas ya han cambiado, ahora todos los que circulamos por la ronda vamos a 80 al no ser que queramos un album de fotos de la matrícula de nuestro coche.
He leído mis últimos post, y ante mi propio asombro, he llegado a la conclusión que aunque me adapto a esta forma de vida, no es lo que quiero, no me hace feliz. Ante esta reflexión, el viernes me propuse poner solución a esto, y decidí vivir como quiero, como me gusta. Así que empecé a trazar una línea que me facilitara todo esto que quiero cambiar. A partir de ya, no lavo más ropa en casa, ayer por fin, encontré, muy cerca de mi trabajo, donde puedo acceder con coche, y donde no se cierran los domingos, un autoservicio de lavandería. Las máquinas son enormes, y también las secadoras. Se terminó el estar pendiente de si llueve o no, se terminó la acumulación de sábanas, toallas, etc. Se terminó tender la ropa y subir 5 pisos hasta el terrado, volver a subirlos para recogerla, y después doblarla, plancharla y guardarla. Otras de las cosas que he hecho, es pasear, por las mañanas, cuando salgo al registro o a cualquier organismo público, me voy andando. Cuando salgo de dar clases, me voy andando hasta mi otro trabajo, se terminó las prisas, y hacer 18 mil cosas a cada segundo, por el camino, veo a gente, observo como si fuese una turista, miro escaparates, sigo observando a la gente, si me apetece compro lo que quiero, ando, ando y ando, de dos a tres horas, que hay que evitar la formación de varices y celulitis y luego busco sitio para comer, y ahí es cuando me siento igual que los reporteros de la Ronda de Dalt, a las 12:30 aún los restaurantes no te sirven comida, las cocinas no se abren hasta las 13 h. o las 13:30h., y yo entro a las 14 h. en mi otro trabajo, que no quiero dejar la oportunidad de decir que estoy encantada, que me encanta mi trabajo, que me siento super bien, y que es muy agradecido.
Así que al lado de la tienda tengo una de esas cocinas donde te hacen la comida para llevar, y termino sentada entre bastidores y ropa colgada, en un tamburete leyendo revistas como Vogue o Elle hasta las 14h. que tras untarme en las piernas el Trombocid salgo subida en un par de tacones a vestir a las clientas.
Y es que a lo que no me adapto es a los empujones, ni a que nadie me marque a qué hora debo comer, levantarme, pasear, ir de compras o acostarme, no pienso, ni puedo adaptarme a este horario que no me gusta nada, comer a las tantas, porque no me gusta, a mí me gusta comer a las 12, ni aprovechar que tengo fiesta para hacer las tareas de la casa, o sacrificar la playa por tender la ropa, no, no me gusta nada que me empujen así que yo me aparto, prefiero ir por mi derecha.