Pues como predije, o mejor dicho como dije, mi fin de semana ha sido genial. Amigas, cine, familia, sobrina, películas de princesitas, he enseñado a mi sobrina a jugar a las palmas, relax, cocinar, ... todos esas cosas que me gustan hacer. Recuerdo cuando era pequeña, me encantaba entrar en la habitación de mi madre, colocarme sus zapatos de tacón, abrir sus joyeros y adornarme como si de un árbol de Navidad se tratara, me ponía todos sus anillos, pulseras y collares, los pendientes nunca fueron mi fuerte. Luego abría los cajones donde guardaba sus pinturas, y me pintaba las uñas, los labios, me ponía coloretes, ... se diría que posiblemente jugaba a ser mayor.
Este fin de semana, de algún modo, me he vuelto a sentir así.
Veréis, mi abuela vive en casa con mi madre, y por cierto está muy orgullosa de ser bisabuela por partida triple, y cuando de tanto en tanto, por esas cosas que tiene la vida, hago las maletas y me presento allí, les embriaga un estado de felicidad difícil de explicar, llega la hija pródiga otra vez, y la casa se convierte en algo así como en la casa de Las Chicas de Oro, aunque de tres generaciones diferentes. Y aunque les repito una y otra vez que ya tengo 35 años y que estoy sana como un roble, mi abuela se empeña en que yo no haga nada, ni siquiera me deja hacer mi cama, por supuesto en esto suelo desobedecerle.
Mi madre, entre su trabajo, sus hobbies, sus bailes, sus teatros, sus cines, sus excursiones, la bisutería, el voluntariado y todas sus actividades, a penas se le ve el pelo. Así que yo me colé en su habitación, rebusqué entre sus "super-ordenados" cajones, prometo que intenté dejarlo todo como estaba, y encontré jabones olorosos, aceites corporales, espumas relajantes para el baño, mascarillas "carísimas" para el rostro, contorno de ojos, una crema para codos, otra para rodillas, otra para el pecho, otra que elimina el crecimiento del vello, champú de avanzadas técnicas, sérums de choque ... vamos, un festín de productos para el cuerpo, para el cabello, y para pasarte 3 horas sin salir del baño, que ese es el tiempo en que ocupé el sábado por la mañana, encerrada en el baño.
Mi abuela, iba dando golpecitos a la puerta mientras me preguntaba: - Nena, estas bé?.
Después de un estofado y una señora ensalada, llegó la hora de la siesta para las chicas de oro, aunque yo me quedé enganchada a un programa de esos de decoración que dan en el imagenio, y después un reportaje de las más glamourosas del universo, y después one tree hill, y después una entrevista a un famoso, y un espacio de tendencias y ... todo mientras me pintaba las uñas.
El domingo mi abuela me decía: - Mira, avui fas molt bona cara.
Y como iba hacer mala cara con lo que había descansado y lo bien que me lo había pasado con todos esos potingues?.
Ya a última hora me despedía de ellas, y no sé ni cuantas veces me preguntaron: ¿cuándo vas a volver?.
Hoy, las echo de menos.




















